Menopausia y terapia hormonal: lo que ocurre en el cerebro femenino, según un estudio de Cambridge

La menopausia es una etapa natural en la vida de las mujeres que suele presentarse entre los 45 y 55 años, pero sus efectos van mucho más allá del fin del ciclo reproductivo. Además de los conocidos sofocos y trastornos del sueño, este proceso hormonal se ha vinculado desde hace tiempo con alteraciones del estado de ánimo y cambios cognitivos. Ahora, una investigación de gran escala liderada por la Universidad de Cambridge aporta nueva evidencia sobre cómo la menopausia impacta directamente en el cerebro femenino y cuál es el papel real de la terapia de reemplazo hormonal (TRH).

El estudio, publicado en la revista Psychological Medicine, analizó datos de casi 125.000 mujeres del UK Biobank y encontró que la menopausia se asocia con una reducción significativa del volumen de materia gris en regiones cerebrales clave, así como con un aumento de síntomas de ansiedad, depresión y problemas de sueño. Aunque la terapia hormonal no revierte estas modificaciones estructurales del cerebro, sí parece tener un efecto moderador en algunos aspectos cognitivos, como los tiempos de reacción.

Los investigadores observaron que las zonas más afectadas por la disminución de materia gris fueron el hipocampo, fundamental para la memoria; la corteza entorrinal, que actúa como un puente de información entre distintas áreas cerebrales; y la corteza cingulada anterior, involucrada en la regulación emocional, la atención y la toma de decisiones. Barbara Sahakian, autora principal del trabajo, señaló que estas regiones suelen verse comprometidas en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. En ese sentido, advirtió que la menopausia podría aumentar la vulnerabilidad futura de las mujeres a la demencia, lo que ayudaría a explicar por qué la incidencia de esta enfermedad es casi el doble en mujeres que en hombres.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo clasificó a las participantes en tres grupos: mujeres premenopáusicas, posmenopáusicas que nunca habían utilizado TRH y posmenopáusicas que sí habían recurrido a esta terapia. Además de cuestionarios sobre salud mental, sueño y bienestar general, se realizaron pruebas cognitivas y de tiempo de reacción. Un subgrupo de alrededor de 11.000 mujeres también se sometió a resonancias magnéticas, lo que permitió analizar con detalle la estructura cerebral. La edad promedio de inicio de la menopausia fue de 49,5 años, mientras que el comienzo de la terapia hormonal, en quienes la usaron, rondó los 49 años.

En términos de salud mental, los resultados mostraron que la menopausia se relaciona con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y trastornos del sueño. De manera llamativa, las mujeres que utilizaban TRH presentaron peores indicadores de salud mental y una mayor probabilidad de haber consultado por ansiedad o depresión, así como de recibir antidepresivos. Sin embargo, análisis más profundos sugieren que estas diferencias ya existían antes de la menopausia, lo que indica que la terapia podría haberse prescrito en mujeres que ya eran más vulnerables desde el punto de vista emocional.

La doctora Alejandra Belardo, jefa de Endocrinología Ginecológica y de Climaterio del Hospital Italiano, explicó que estos cambios están estrechamente ligados al rol de las hormonas en el sistema nervioso central. El cerebro no solo responde al estrógeno, la progesterona y los andrógenos producidos por los ovarios, sino que también genera sus propios neuroesteroides. Cuando descienden los niveles de estrógeno, como ocurre en la menopausia y la perimenopausia, se producen oscilaciones que pueden impactar en el ánimo, el sueño y la claridad mental. Según la especialista, esto no implica necesariamente una depresión mayor, sino trastornos del ánimo asociados a esta etapa, que pueden verse agravados por el insomnio y la ansiedad sostenida.

En el plano cognitivo, el estudio encontró que las mujeres posmenopáusicas que no recibían TRH tenían tiempos de reacción más lentos que las mujeres premenopáusicas. En cambio, quienes estaban bajo terapia hormonal mostraron un enlentecimiento menor. Katharina Zühlsdorff, investigadora del Departamento de Psicología de Cambridge, explicó que el envejecimiento suele ralentizar los tiempos de reacción en general, pero que la menopausia parece acelerar este proceso, mientras que la terapia hormonal podría frenarlo ligeramente.

Más allá de la terapia, los especialistas coinciden en que el abordaje de la menopausia debe ser integral. La psiquiatra Christelle Langley subrayó que esta etapa puede ser crucial en la vida de las mujeres y que mantener un estilo de vida saludable, con actividad física regular y una dieta equilibrada, es fundamental para mitigar sus efectos. La doctora Belardo reforzó esta idea al señalar que los hábitos adoptados durante la menopausia influyen directamente en la calidad de la vejez, no solo en términos cardiovasculares y óseos, sino también en el bienestar cognitivo y emocional.

En definitiva, la investigación de Cambridge refuerza la necesidad de prestar mayor atención a la salud cerebral y mental de las mujeres durante la menopausia. Reconocer los síntomas, hablar de ellos sin tabúes y buscar acompañamiento médico especializado puede marcar una diferencia significativa en la forma de transitar esta etapa y en la salud a largo plazo.

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